viernes, 14 de noviembre de 2008

El silencio en la espiritualidad carmelita



El silencio y la soledad son hermano y hermana que se dan la mano para ayudarse recíprocamente, de ahí que la soledad deba ir acompañada del silencio; el silencio es la actitud necesaria para acoger a Dios y a su palabra y el ambiente vital de la oración y culto divino. El hombre interior ve el tiempo de silencio como una exigencia del amor divino, y le es normalmente necesaria una cierta soledad para sentir a Dios que le habla al corazón. Como el profeta Elías no oyó la voz del Señor en la tormenta sino en la suave brisa, así el corazón del hombre espiritual debe oír la voz de Dios en el silencio.
El silencio hace posible la escucha orante de la palabra, la oración vigilante y la alabanza al Señor, nos hace sensibles, además para ver las necesidades de los demás, para valorar los carismas y las aptitudes de cada hermana, Finalmente el silencio nos educa para actuar y hablar con sabiduría, a fin de favorecer en la comunidad Un clima de paz y verdadera justicia.

En la practica del silencio nos inspiramos en el estilo de vida de Maria, hecho de escucha, de caridad y reflexión espiritual. En su silencio Maria aparece como mujer sapiente que recuerda y actualiza, interpreta y confronta a la luz del acontecimiento pascual, palabras y hechos ocurridos durante el nacimiento y la infancia del hijo, se interroga sobre el significado de palabras oscuras en la que se proyecta la sombra de la cruz y acoge el silencio de Dios con su silencio de adoración.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

ANA DE JESUS, '' La Emperatriz''...



La Madre Ana de Jesús (Lobera), fue una insigne Carmelita Descalza que vivió en los siglos XVI y XVII y actuó en España, en Francia y en los Países Bajos. Fue discípula y compañera de Santa Teresa de Jesús, la cual solía llamarla su "emperatriz".

Como dice el lltmo. Ángel Manrique, Obispo de Badajoz, en su obra de 1632, la Madre Ana era "principal aumento de su Orden, fundadora en Francia y en Flandes". También fue discípula insigne de San Juan de la Cruz a la que dedicó el "Cántico Espiritual" cuando era Priora de Granada. Pero su principal mérito estuvo en que fue una Carmelita santa. Es cierto que, siendo Priora de Madrid, tuvo un famoso encuentro con los Superiores de la Consulta. El autor ya indica, en el libro, cómo se pudo resolver. En nuestros tiempos, acaso, algunos dirán que estas historias ya pasaron y que han perdido actualidad. Pero hay que decir que la santidad nunca deja de ser actual, que nunca pasa como no pasa Cristo.

La historia de la vida y obra de la Madre Ana es tan actual, que precisamente Santa Teresita del Niño Jesús, una santa casi de nuestros días, nos la recuerda diciendo el amor y gratitud que le tenía y la llama, sin más, "santa".

En el capítulo IX de la "Historia de un alma" o, sí queremos, de sus "Obras Completas", refiere un bellísimo episodio que podemos llamar sueño o visión y que no nos resistimos a contar. Estaba en sueños con su Madre Priora y: "De pronto, sin saber cómo habían irentrado?,

vi delante de mí a tres Carmelitas, vestidas con sus capas blancas y sus grandes velos echados. Me pareció que venían por nuestra Madre, pero lo que comprendí claramente fue que venían del cielo.

En el fondo de mi corazón exclamé: ¡Ah, cuánto me gustaría ver el rostro de una de esas Carmelitas! Entonces, como si mi oración hubiese sido escuchada, la más alta de tas santas se adelantó hacia mí. Al instante caí de rodillas.

¡Oh, felicidad! La Carmelita se levantó el velo, o mejor, lo alzó ligeramente y me cubrió con él... Sin la menor vacilación, reconocí a la Venerable Madre Ana de Jesús, la fundadora del Carmelo en Francia.

Su rostro era hermoso, de una hermosura inmaterial. No despedía resplandor alguno, y, sin embargo, a pesar del velo que nos envolvía a las dos, yo veía su rostro celestial iluminado por una luz inefablemente suave, luz que el rostro no recibía, sino que producía él mismo... Me sería imposible expresar la alegría de mi alma, estas cosas se sienten y no pueden decirse...

Aún me parece estar viendo la mirada y la sonrisa llenas de amor de la Venerable A/ladre. Aún me parece estar sintiendo las caricias que me prodigó...

Al verme tan tiernamente amada, me atreví a pronunciar estas palabras: "¡Oh, Madre mía! Os suplico que me digáis si Dios me dejará todavía mucho tiempo en la tierra. . . ¿Vendrá pronto a buscarme?. ..

Sonriendo con ternura, la santa murmuró: "Si, pronto, pronto... Os lo prometo".

-"Madre mía, añadí yo, decidme también si acaso Dios me pide algo más que mis pobres pequeñas acciones y mis deseos. ¿Está él contento de mí?" El rostro de la santa tomó una expresión incomparablemente más tierna que la primera vez que me habló. Sus miradas

y sus caricias eran ya la más dulce de las respuestas. Sin embargo, me dijo: "Dios no os pide ninguna otra cosa. ¡Está contento, muy contento!. . ." Después de acariciarme todavía con más amor del que jamás puso al acariciar a su hijo la más tierna de las madres, la vi alejarse ".. .Mi corazón estaba henchido de gozo".

Este episodio es muy elocuente.

En primer lugar, por la santidad con que aparece la Madre Ana. Y en segundo lugar, demostrando que las Constituciones de Santa Teresa, confirmadas en el Capítulo de Alcalá (1581), eran legítimas cuando la Madre Ana las llevó a Francia. Estas Constituciones carmelitanas produjeron nada menos que tres grandes santas Carmelitas de nuestro tiempo: Santa Teresita y las Beatas María de Jesús Crucificado e Isabel de la Trinidad.

P. Lorenzo Arias, o.c.d.

martes, 11 de noviembre de 2008

EL NIÑO JESUS EN EL CARMELO


Tradicionalmente en el Carmelo Teresiano se ha tenido una especial devoción a la Santa Infancia de Jesús, y esta devoción se puede ver concretada en acontecimientos particulares que sucedieron a los santos padres de la Orden, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
Sus hijos e hijas de todo el mundo, han continuado expresando esta especial devoción a este Misterio de la Vida de Jesús, que fue su Infancia.
De hecho la devoción a la Milagrosa Imagen del Niño Jesús de Praga, no es más que el resultado de esta historia de amor a la sencillez y a las virtudes del Santo Niño.

Reparación y Madre Maravillas



“¡Pobre Jesús mío, qué ganas dan de quererte de veras por tantos como no te quieren!”

“No hay que permitir que las espinas que punzan nuestro corazón puncen también el del Señor”.

“¡Qué poco importa todo, menos el ofender a Dios!”

“¡Quién pudiera ofrecer al Señor algo que pudiera consolarle!”

“Hemos de reparar, con nuestra fidelidad y nuestro amor, tantas y tantas ofensas como, precisamente de los suyos, recibe nuestro Dios”.

“Quisiera yo poder, a costa de cuento fuera necesario, transformar las ofensas que en el mundo se cometen, en gloria, amor y consuelo para el Corazón de mi dulcísimo Jesús”.


*Madre Maravillas de Jesús

lunes, 10 de noviembre de 2008

DESDE DIJON ....



El 11 de enero de 1903, en la fiesta de la Epifanía, después de trece meses de noviciado, Isabel de la Trinidad, aprobada por unanimidad, se consagra a Dios con su profesión para la eternidad.

Bajo la dirección de Germana, el Carmelo de Dijon es una comunidad fervorosa y feliz. Isabel contribuye a mantener este clima: es servicial, ama a sus hermanas y es amada por ellas.Un noviciado duro

Si los cuatro meses de su postulantado se pasaron en la alegría y en la luz, el año de noviciado fue muy duro y penoso. La oración se ha convertido en aridez. Por segunda vez Isabel pasa por las angustias de un período de escrúpulos, debidos en parte a su deseo de hacerlo todo perfecto.



Su salud cede un poco. Su sensibilidad (el rasgo dominante de su carácter, según afirma ella durante su postulantado, cf. NI 12) vibra dolorosamente. Pero nadie conoce estos sufrimientos fuera de las dos Superioras. La víspera de su profesión está «en el colmo de la angustia» (C 152) y la Madre Germana cree necesario llamar al P. Vergne para examinar su compromiso definitivo.

Quejarse no entraba en la naturaleza de Isabel Catez. En sus cartas a la familia y a sus amigas nada permite entrever su sufrimiento. Ella puede suponer que su madre tiene la esperanza de que su hija se volverá atrás (y una carta del canónigo Angles a la señora Catez poco antes de la toma de hábito lo confirma)... Lo que Isabel subraya es su alegría real, dejando de lado sus sufrimientos, que calla.

Desde hace largos años ha aprendido a olvidarse, a sufrir por Jesús y a vivir en la fe y el abandono. La Madre Germana la ayuda en este camino. Después de la toma de hábito, sus cartas hablan sobre todo de su dicha de estar en el Carmelo, de vivir en comunión, en silencio, en la presencia de Dios, escuchando, como Magdalena, a su Maestro, entregándose a la vida «de los Tres» en ella.

domingo, 9 de noviembre de 2008

RAFAEL KALINOWSKY



Pensamientos de San Rafael Kalinowski sobre el Carmelo:

La confianza en la poderosa intercesión de San José, Padre y tutor de Jesús, confianza inspirada y hecha vida por nuestra Madre Santa Teresa, eleva el espíritu de devoción y ofrece el bálsamo de la confiada espera a los fieles que están en necesidad (C.32,2).

El Carmelo es una orden de María, vive bajo la protección de María y propaga el culto de María (C. 7,2).

Que la Virgen, Reina del Carmelo, y nuestro Padre San José, sean nuestra ayuda en nuestras necesidades (L 1054).