miércoles, 12 de noviembre de 2008

ANA DE JESUS, '' La Emperatriz''...



La Madre Ana de Jesús (Lobera), fue una insigne Carmelita Descalza que vivió en los siglos XVI y XVII y actuó en España, en Francia y en los Países Bajos. Fue discípula y compañera de Santa Teresa de Jesús, la cual solía llamarla su "emperatriz".

Como dice el lltmo. Ángel Manrique, Obispo de Badajoz, en su obra de 1632, la Madre Ana era "principal aumento de su Orden, fundadora en Francia y en Flandes". También fue discípula insigne de San Juan de la Cruz a la que dedicó el "Cántico Espiritual" cuando era Priora de Granada. Pero su principal mérito estuvo en que fue una Carmelita santa. Es cierto que, siendo Priora de Madrid, tuvo un famoso encuentro con los Superiores de la Consulta. El autor ya indica, en el libro, cómo se pudo resolver. En nuestros tiempos, acaso, algunos dirán que estas historias ya pasaron y que han perdido actualidad. Pero hay que decir que la santidad nunca deja de ser actual, que nunca pasa como no pasa Cristo.

La historia de la vida y obra de la Madre Ana es tan actual, que precisamente Santa Teresita del Niño Jesús, una santa casi de nuestros días, nos la recuerda diciendo el amor y gratitud que le tenía y la llama, sin más, "santa".

En el capítulo IX de la "Historia de un alma" o, sí queremos, de sus "Obras Completas", refiere un bellísimo episodio que podemos llamar sueño o visión y que no nos resistimos a contar. Estaba en sueños con su Madre Priora y: "De pronto, sin saber cómo habían irentrado?,

vi delante de mí a tres Carmelitas, vestidas con sus capas blancas y sus grandes velos echados. Me pareció que venían por nuestra Madre, pero lo que comprendí claramente fue que venían del cielo.

En el fondo de mi corazón exclamé: ¡Ah, cuánto me gustaría ver el rostro de una de esas Carmelitas! Entonces, como si mi oración hubiese sido escuchada, la más alta de tas santas se adelantó hacia mí. Al instante caí de rodillas.

¡Oh, felicidad! La Carmelita se levantó el velo, o mejor, lo alzó ligeramente y me cubrió con él... Sin la menor vacilación, reconocí a la Venerable Madre Ana de Jesús, la fundadora del Carmelo en Francia.

Su rostro era hermoso, de una hermosura inmaterial. No despedía resplandor alguno, y, sin embargo, a pesar del velo que nos envolvía a las dos, yo veía su rostro celestial iluminado por una luz inefablemente suave, luz que el rostro no recibía, sino que producía él mismo... Me sería imposible expresar la alegría de mi alma, estas cosas se sienten y no pueden decirse...

Aún me parece estar viendo la mirada y la sonrisa llenas de amor de la Venerable A/ladre. Aún me parece estar sintiendo las caricias que me prodigó...

Al verme tan tiernamente amada, me atreví a pronunciar estas palabras: "¡Oh, Madre mía! Os suplico que me digáis si Dios me dejará todavía mucho tiempo en la tierra. . . ¿Vendrá pronto a buscarme?. ..

Sonriendo con ternura, la santa murmuró: "Si, pronto, pronto... Os lo prometo".

-"Madre mía, añadí yo, decidme también si acaso Dios me pide algo más que mis pobres pequeñas acciones y mis deseos. ¿Está él contento de mí?" El rostro de la santa tomó una expresión incomparablemente más tierna que la primera vez que me habló. Sus miradas

y sus caricias eran ya la más dulce de las respuestas. Sin embargo, me dijo: "Dios no os pide ninguna otra cosa. ¡Está contento, muy contento!. . ." Después de acariciarme todavía con más amor del que jamás puso al acariciar a su hijo la más tierna de las madres, la vi alejarse ".. .Mi corazón estaba henchido de gozo".

Este episodio es muy elocuente.

En primer lugar, por la santidad con que aparece la Madre Ana. Y en segundo lugar, demostrando que las Constituciones de Santa Teresa, confirmadas en el Capítulo de Alcalá (1581), eran legítimas cuando la Madre Ana las llevó a Francia. Estas Constituciones carmelitanas produjeron nada menos que tres grandes santas Carmelitas de nuestro tiempo: Santa Teresita y las Beatas María de Jesús Crucificado e Isabel de la Trinidad.

P. Lorenzo Arias, o.c.d.

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