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domingo, 27 de junio de 2010

Monasterio Carmelita de Seoul


Las Carmelitas de Seoul tienen la fortuna de proceder a dos fundaciones nuevas, una en Phnom Penh, Cambogia, y otra en Dongducheon, Corea. El 25 de junio del 2006 se celebró el primer aniversario del envío de cinco Hermanas a Cambogia, donde recibieron un buen terreno de la iglesia local para el establecimiento del Carmelo. Temporáneamente están viviendo en una casa, al tiempo que aprenden la lengua y la cultura del país.


Crecimiento de vocaciones en Corea

Seúl, 26 de julio de 2007

Amable señor Andreotti:


¡Pax et bonum! Somos las carmelitas del monasterio surcoreano de Seúl. El carmelo de Seúl es la primera comunidad de vida contemplativa fundada en Corea por el carmelo de Aire, en Francia, en 1940. En los últimos sesenta y siete años fueron fundados cuatro monasterios, que actualmente representan el núcleo central de ocho monasterios en las diócesis de toda la nación.
El monasterio carmelita de Seúl celebra el ser el primer monasterio de una orden de contemplativas en la historia de las Iglesias coreanas que envía misioneras a Camboya. Estamos además trabajando en la fundación de un nuevo monasterio en Dongdoocheon, en la diócesis de Uijongbu, para celebrar el sesenta y siete aniversario de nuestra presencia en Corea.
Corea está dividida en dos, Corea del Sur y Corea del Norte, desde la guerra coreana de 1950. El nuevo monasterio se fundará en Dongdoocheon, que consideramos que es el lugar ideal para la actividad misionera en Corea del Norte y para la reunificación del país.
Aunque estamos teniendo muchas dificultades en la fundación del nuevo monasterio, por el estancamiento de la economía coreana, estamos profundamente convencidas de que el Señor nos guiará, pues en Corea estamos asistiendo a un crecimiento de vocaciones, mientras que en el resto del mundo están disminuyendo.
El comienzo de las obras en junio fue una bendición de nuestro Señor Jesús y todo parece transcurrir sin problemas. Nuestro propósito es terminar las obras el año que viene.
Para ello estamos haciendo todo lo posible por recoger aportaciones; hemos recibido ya ayuda de numerosos hermanos y hermanas. Nunca podríamos terminar la empresa sin oraciones.
Así pues le pedimos humildemente también a usted que rece por nuestro nuevo monasterio.
Que la paz y las bendiciones divinas le acompañen siempre.
Sinceramente suya en el Señor nuestro Jesucristo,

sor Maria ocd, priora

miércoles, 16 de junio de 2010

El atractivo del desierto


Ya desde los principios de la obra fundacional de Santa Teresa, existía cierta nostalgia respecto a la vida de «desierto» que llevaban los antiguos ermitaños del Monte Carmelo. La misma Santa nos exhortaba diciendo: «Tengamos delante nuestros fundadores verdaderos, que son aquellos santos padres de donde descendimos» (F 14, 4). De hecho, llamaban a varias de las fundaciones primitivas «desiertos» por estar localizados en sitios apartados y lejanos del tumulto de los pueblos. En este sentido, encontramos en los antiguos biógrafos de San Juan de la Cruz referencias a los conventos de El Calvario y La Peñuela como «desiertos», aunque no habían sido constituidos todavía a nivel oficial o jurídico. Tomás de Jesús será el principal promotor de la idea de la construcción de conventos «eremíticos». Para ellos, se buscarían lugares casi idílicos en su belleza natural, para así facilitar la contemplación del Creador en esas bellezas. Gracias a esta iniciativa se fundó el primer desierto, propiamente dicho, en Bolarque en 1593, y pocos años más adelante, en 1599, se realizaría la fundación del desierto de Las Batuecas.

Los desiertos, desde el inicio, se concebían como centros de renovación espiritual al servicio de los frailes de la Orden. Se recibía a frailes que libremente querían realizar una experiencia de renovación espiritual durante un tiempo más o menos corto. Teniendo este proyecto en mente, el P. Tomás de Jesús escribió «La instrucción espiritual de los que profesan la vida eremítica», comenzando así su prólogo: «Gran beneficio, y misericordia es la que Dios hace a los que llama en nuestra religión a la vida eremítica, porque es grande indicio, y señal de que los quiere adelantar en su servicio, y hacerles grandes favores, y mercedes». Con esta instrucción pretende guiar al ermitaño, durante su tiempo en el desierto, por un camino espiritual a través de tres «jornadas»: el conocimiento propio, la reformación del hombre interior y la unión y transformación en Dios por el amor. De esta forma, el ermitaño vuelve al convento de su destino en la provincia con renovado fervor y ansias de servir a Cristo desde su comunidad. El desierto siempre contaba con una comunidad estable que ofrecía la acogida y el acompañamiento oportuno para los que venían para realizar esta experiencia sumamente enriquecedora. Tan necesaria y tan apreciada se consideraba la función de los desiertos en este sentido, que se fundó un desierto en cada provincia.

Kevin de la cruz