jueves, 5 de noviembre de 2009

Vocación carmelita



Señor, ¿qué quieres de mí ?...
Aquí estoy con mi corazón vacío de todo y mi alma llena de nada.
Aquí estoy con mi noche sin estrellas...Un día me llamaste por mi nombre, me señalaste con tu dedo...
Confieso que te dí largas...Que tuve miedo: Miedo de Tí, miedo de mí, miedo del miedo.

Tú llamas a todos sin exepcion de personas: Llamas al tierno Samuel, y a Jeremias el muchacho.Llamas a Saulo el violento y a Elías el d la lengua de fuego, llamas a Abram el anciano, y al Bautista, con su voz de trueno.


Tú llamas a los que apestan en sus almas y a los que te hieden en su aliento; a los que faltó la ración de amor, al justo, al grande, al pequeño. LLamas al que tiene delirios de grandeza y al que por sus venas corren...sombras nada mas.

Señor, pusiste tu mano en mi hombro, me miraste sólo Tú sabes mirar, al corazón y a los ojos...

Me dijiste,una cosa te falta amigo: ¡Vende todo lo que tienes...! El ordenador,los zapatos de marca y el celular, los afiches de tu habitación, tu moto con escape libre, los videos, sin olvidar el walkman , a quienes diste tu corazón...

Dale el dinero a los pobres, déjalo todo...y ¡Vénte Conmigo! ¡ Abandona a tus ídolos de pies de barro! Ellos te llevan al vacío interior y al desengaño...

Han pasado varios años desde que Tú me invitaste... pero no se borraran tus palabras... Grabadas en mi pecho y en mi alma, son como un tatuaje que llevo en mis entrañas ...
Hoy vengo a pedirte otra oportunidad. Vuelve a mirarme a los ojos...Dime otra vez que me vaya contigo, ya verás como esta vez...


¡¡¡LO DEJO TODO Y TE SIGO!!!

Padre Fray Ángel Díaz o.a.r.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Una verdad pequeña y sencilla (Santa Edith Stein)


Momentos significativos del itinerario espiritual de Edith Stein han quedado consignados en las veinticuatro cartas que dirige a Sor Adelgundis. De ellas extractaremos algunos párrafos importantes en este proceso. AMELIE JAEGERSCHMID (Sor ADELGUNDIS OBS) (1895, Berlín), doctora en filosofía, con especialización en historia, estudió en Friburgo, asistió a los “cursos filosóficos para principiantes” de Edith Stein, perteneció al grupo de los primeros discípulos de Edmund Husserl.


El año 1921 se convirtió al catolicismo y entró en el convento benedictino de santa Lioba (Friburgo-Günterstal). Allí volvió a encontrar Edith Stein a Sor Adelgundis, y desde entonces se desarrolló una larga amistad. En las cartas escritas desde Breslau Edith le refiere el cúmulo de tareas que la desbordan y tiene que jerarquizar. Conferencias sobre la mujer en Salzburgo y Munich, solicitud como profesora para el Instituto de Pedagogía Científica en Münster, trabajo científico sobre santo Tomás...


En medio de esos trajines nos deja ver cómo vive esos acontecimientos y qué es lo que debe aportar a la humanidad. Desde el Carmelo de Colonia, le comunica su vocación carmelitana. Se dedica a cuidar a la hermana lega más anciana, Clara, enferma de cáncer de hígado, atiende el torno, escribe. Una y otra vez reitera el móvil determinante de su vida: la fe viva en Jesús, el ofrecimiento total de su vida de amor a Dios, y la oración constante por todos los hombres ante el sagrario, y en comunión con el misterio redentor.