viernes, 30 de enero de 2009

Mª Felicia de Jesus Sacramentado


Desde muy joven, M. Felicia sintió la llamada del Señor:
quiere llegar a convertirse en Hostia, como el verbo encarnado.

"Renuevo ante Tí, Jesús Hostia, este deseo sincero e íntimo de inmolar mi Vida en aras de tu amor".

Trabajaba hasta el cansancio, y aún así, seguía trabajando.

"Jesús mío, sigo ofreciendo uno a uno, gota a gota, este cáliz por nuestro ideal, por nuestro apostolado, ¡por tu Gloria, Señor! ".

"...con toda el alma, con la generosidad más amplia, Tú ves cómo te los he ofrecido, ofreciéndote a cada
instante todos los trabajos, luchas, angustias, cansancios de estos días".

Se acostumbró a repetir una breve jaculatoria:
"Yo te doy Gracias, mi Dios, y quisiera poder en todo y siempre decir: ¡Si, Padre!, conformando a Tu divina Voluntad mi pequeña voluntad".

De la Química aprendió a hacer una Fórmula que a modo del lema, T2OS:
“Todo Te Ofrezco, Señor”
Un auténtico caminito para las almas de estos tiempos: Ofrecerlo Todo.

A causa de un malestar físico intenso, dice:
"Cómo te agradezco, Señor, todo, íntegramente todo te ofrezco, Señor, por tu Gloria y Salvación de nuestra alma y, junto con la nuestra, la de miles de almas más".

Madres Carmelitas
Montevideo, Uruguay


EN ALABANZA DE CRISTO

martes, 27 de enero de 2009

Fundación de la Madre Maravillas


Corriendo el mes de junio de 1923, por inspiración divina, Santa Maravillas de Jesús, Carmelita Descalza, concibió la idea de fundar un convento en el Cerro de los Ángeles, con el fin de acompañar al Sagrado Corazón de Jesús en su soledad y pedir por la salvación de las almas.
Especial empeño y dedicación tuvo la entonces Hermana Maravillas, hasta ver conseguida la importante obra que Jesús la había encomendado. Ella y tres hermanas más formaron la primera comunidad que fue originariamente instalada en Getafe, hasta que se terminaron las obras del convento, del que se puso la primera piedra el 12 de abril de 1925. Pascua de Resurrección.
Desde la Festividad de Cristo Rey, 26 de octubre de 1926, fecha en la que ocuparon el convento, el Sagrado Corazón de Jesús tiene una lámpara que se mantiene siempre encendida con luz de penitencia y oración, con entrega generosa, con el sacrificio callado de cada momento para sintonizar siempre con la voluntad de Dios.